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EL FLETE Y EL FALSO FLETE

En general la determinación del flete, sobre todo tratándose de buques “tramsps” depende como ocurre con la generalidad de las mercancías en el comercio, de las oscilaciones que produce la oferta y la demanda, de la amplitud de las obligaciones y gastos a cargo del fletante según los términos en las clausulas pactadas y de otras muchas circunstancias que, como la época del viaje, naturaleza del cargamento, posibilidad de aprovechar el viaje de vuelta ( si no se trata de viaje redondo) etc, influyen en su fijación. En los buques de líneas los fletes ya están fijados por el armador, y son ganados a todo evento.

 

            Las mercancías que sufran deterioro o disminución por vicio propio o mala calidad y condición de las envases, o por caso fortuito, devengaran el flete integro, y tal como se hubiere estipulado en el contrato de fletamento. El aumento natural que en peso o medida tengan las mercaderías cargadas en el buque, cederá en beneficio del dueño y devengara el flete correspondiente fijado en el contrato para las mismas.

            Luego en caso de deterioro o disminución, cuando sea por vicio propio, defecto de envases etc, o por caso fortuito o de fuerza mayor, el flete pactado subsiste inalterable y ha de pagarse íntegramente.

            El Código de Comercio autoriza la rescisión del contrato de fletamento o petición del  fletador en caso de desistimiento voluntario y unilateral del mismo mediante el abono al fletante de la mitad del flete convenido. Este es el conocido en la doctrina con el nombre de falso flete y del que asimismo hace aplicación el citado texto legal en otros preceptos: Así, también autoriza a los fletadores en los fletamentos a carga general, a descargar las mercaderías antes de emprender el viaje pagando el falso flete y los gastos de estiba y desestiba así como cualquier otro perjuicios que se origine a los demás cargadores; y  se permite la rescisión del contrato a petición del fletante si el fletador, una vez cumplido el término de las sobrestadías, no pusiere la carga al costado, debiendo en tal caso satisfacerse por el mismo el semiflete, así como las estadías y sobrestadías devengadas.

            A pesar de que cuantitativamente el falso flete es una porción del flete – la mitad-, y de ahí su denominación de “semiflete” con que igualmente se le conoce, cualitativamente no participa de la misma naturales, sino que se trata de una disposición legal de carácter indemnizatorio a favor del fletante y a cargo del fletador, que evita la complicación que supondría el determinar los perjuicios efectivamente sufridos por aquel, por este método, no muy jurídico pero indudablemente practico, siendo por tanto, independiente de si los perjuicios realmente sufridos por el naviero han sido mayores o menores, o incluyo no hayan existido o hasta haya sido beneficiado como sucedería, verbi gratia, si encontrase un nuevo flete en condiciones más optimas para sus intereses en sustitución del rescindido.

            Determina el Código de Comercio que hecha la descarga y puesto el cargamento a disposición del consignatario, este deberá pagar inmediatamente al capitán el flete devengado y los demás gastos de que fuere responsable dicho cargamento.

            El Código de Comercio, establece la afección del cargamento al pago del flete y demás gastos originados al fletante pero sin que ello autorice al capitán a dilatar la descarga por recelo de insolvencia del fletador, ni le otorgue ningún derecho de prenda sobre el mismo si no se ha estipulado expresamente como sucede con la “cesser clause”. De existir tal desconfianza podrá acudir al Juez o Tribunal competente y este acordar el depósito de las mercaderías hasta que sean abonadas tales créditos, y de no hacerse efectivos, se decretara la venta del cargamento en la proporción necesaria para cubrirlos, sin perjuicio de reclamar el resto de lo que por tales conceptos quede sin abonar cuando sea insuficiente lo obtenido, con el producto de la venta.

            La misma facultad tendrá el capitán en caso de no hallarse el consignatario o negarse este a recibir el cargamento, o cuando los efectos depositados ofrecieren riesgo de deterioro, o por sus condiciones u otras circunstancias, los gastos de conservación y custodia fueren desproporcionados.

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